martes, 2 de febrero de 2016

El controvertible origen de la especie humana

La aparición de los primeros hombres en la Tierra es tema de numerosos mitos cuyo asunto central revela dos concepciones opuestas. Según la primera, los hombres fueron creados por un Dios que habría utilizado, a modo de materia prima, una sustancia cualquiera o un animal cualquiera (el mono según Darwin).
Según la otra, los primeros hombres habrían venido del cielo o de un mundo subterráneo. Al decir de los mosetenes, Dhoit, su héroe civilizador, modeló a los primeros hombres. Para los hakairi habrían sido los gemelos Keri y Kame quienes transformaron las cañas en hombres. En la mitología chibcha, el Sol y la Luna formaron al primer hombre con arcilla, mientras que para la primera mujer utilizaron cañas.
Muchos mitos hablan de fracasos del Creador. El “héroe cultural” de los taulipang había modelado a los primeros hombres con cera, pero, dándose cuenta de que se fundían al sol, utilizó arcilla que secó al Sol. En cuanto al Civilizador de los chocos, habría tallado a los primeros hombres en madera. Éstos, a medida que salían de manos del escultor, partían para el otro mundo, donde estaban llamados a vivir eternamente. Un día, al cortarse un dedo el héroe cultural en el transcurso de su trabajo, renunció a la madera y modeló a los hombres en arcilla, privándoles con ello mismo de la inmortalidad.
Las creaciones sucesivas no siempre derivan de una elección desafortunada de la materia prima. El Creador a veces se veía obligado a destruir o a metamorfosear a los seres que ha producido, por crímenes que cometieron o por conducta indigna. Antes de esculpir en la piedra a los antecesores de todas las naciones de los hombres, Viracocha, el Dios Creador de los incas, ya había formado en la arcilla o tallado en rocas una humanidad que hubo de aniquilar “porque había transgredido sus preceptos”. Los chocos hablan también de una raza de hombres que fue aniquilada porque se entregaba al canibalismo; luego, una segunda generación de seres humanos que fue metamorfoseada en animales, y, finalmente, una tercera humanidad que el héroe civilizador modeló en arcilla.

Los mitos de otras tribus hablan, no de la creación de los hombres, sino de las causas y de las circunstancias de su migración, estando situado su lugar de origen unas veces bajo tierra, y otras en el cielo. Un ejemplo de esto es la versión de los indios mundurucu, que se dicen descubiertos por el compañero del Creador, que, persiguiendo a un tatú, fue arrastrado por éste al mundo inferior. El Creador hizo al algodonero para confeccionar una cuerda con sus fibras, que introdujo por el orificio que daba acceso al país de los hombres. Así pudieron éstos alcanzar la superficie de la Tierra. La cuerda se rompió antes que todos los hombres pudieran trepar hasta allí. Un gran número de ellos se quedaron bajo tierra y recibirían todos los días la visita del Sol.
Los antepasados de los carajá creían haber emigrado también de un mundo situado debajo de éste. Lo abandonaron a pesar de las exhortaciones de un jefe que les predijo que en la superficie habrían de morir, mientras que en su patria de origen disfrutaban de inmortalidad.
Los miembros de todas las comunidades incas se consideraban como originarios de una caverna, de una montaña o de un lago. El lugar de donde habían salido sus antepasados era considerado como sagrado. Sus mitos están en contradicción con el de la creación por Viracocha. Para conciliar las dos versiones, se imaginó que Viracocha, tras haber tallado a los primeros hombres en la piedra, los envió por caminos subterráneos a través del mundo, haciéndoles luego surgir de las cavernas, de los lagos o de los ríos.
En cuanto a los warrau, del Orinoco, situaban a sus antepasados en el cielo, de donde habrían bajado a tierra por medio de una cuerda, para apoderarse de piezas de caza. Los toba del Gran Chaco dicen que las mujeres vinieron del cielo. Todas las noches, bajaban por una cuerda para robar los pescados atrapados por los hombres. Un halcón cortó la cuerda y las mujeres se vieron obligadas a quedarse en tierra en compañía de los hombres.
Los pueblos de la costa de Perú contaron a los españoles que los hombres habían nacido de tres huevos, uno de oro, otro de plata y el tercero de cobre. Los caduveos del Gran Chaco se creían también salidos de huevos incubados por un pájaro gigantesco.

 

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